domingo, 29 de mayo de 2016

Amén









Te llama, te sigue y te persigue, la oscuridad se te abalanza reclamándote sin disimulos ni recatos que ya no son necesarios para ti. La has mirado a los ojos desde dentro, conoces mejor a tus mayores miedos que a ti. Contigo no eres capaz de soportar tu imagen ni el espejo.

Te enfrentas pero no lo ahogas, eres ese héroe que no tiene agallas de eliminar al asesino, que en el último momento le presta la mano para salvarlo del abismo, y aquí lo tienes, siempre vuelve. Vuelve y se ríe de ti.

Y tú antes huías pero ya ni corres, no por falta de miedo sino por resignación. Que sea lo que tenga que ser: Amén.

Al menos tu corazón ahora palpita, ¿eso es estar viva? Ni lo recuerdas ni lo imaginas ni lo quieres recordar. Tu luz se apagó mucho antes de dejarte envolver por ese manto de oscuridad. Tejiste tu propio manto y con él tu propia tumba, elegiste su color y tonalidad y después te tumbaste a esperar que la chispa se apagara, que el “pum” de tu corazón se ralentizara hasta parar.


Amén. No me ilumines, las pilas se acaban ya.

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